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Canalización inca de río Saphi, Cusco Ilustración de George Squier (1863-1865)

 

Anael Pilares Valdivia

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La  intención de este artículo es explicar la importancia de esta famosa calle cusqueña, desde el punto de vista de la arquitectura sagrada de la antigua ciudad del Qosqo – y, a partir de esta información, generar una necesaria reflexión sobre un problema actual: el verdadero atentado contra su Patrimonio Monumental que viene realizando el Hotel Sheraton en la calle Saphi, (palabra quechua que significa, según el Vocabulario de la lengua general [1608] de Diego González Holguín, “raíz verde”), en su proyecto de construcción de un nuevo edificio institucional. Hecho inaceptable por las razones que indicaremos a continuación.

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El Cusco de los inkas fue construido en el siglo XII o XIII aproximadamente, siguiendo un orden sagrado que obedecía a lineamientos geográficos, ecológicos y astronómicos. El universo social y natural estuvo diseñado por principios polares: hombre/naturaleza; masculino/femenino; arriba/abajo; activo/pasivo, por ejemplo. Dentro de esta perspectiva, los llamados ‘ceques’, esquema social y religioso organizativo, y expresión del pensamiento andino, eran líneas ideales que conformaban un sistema complejo de wakas o lugares donde residían concentraciones de sacralidad y de poder; tales líneas organizativas salían de la ciudad de Cusco y se prolongaban hacia los cuatro suyus, a lo largo de los cuales se encontraban dichas wakas, territorios, recursos y etnias. La orientación de la calle Saphi apuntaba hacia el Chinchaysuyu –seguía el curso del río Saphi por la actual calle de Plateros hasta llegar a la calle Conquista, por donde subía hasta Santa Ana–, y poseía un espacio que tenía 9 ceques según los informes del siglo XVI y XVII (Ondegardo [1559], Molina [1575] y Cobo [1653]). En este, estaban los santuarios que mantenían la memoria ritual de los inkas sobre la victoria con la etnia chanca en la época del joven Inca Yupanqui (Pachacuteq), pero también los flujos de agua que provenían desde el oriente y norte, así como también conquistas importantes como la de los Chincha, los Chimú y, especialmente, la anexión del santuario Pachacámac, en la Costa Central.

El arqueólogo Brian S. Bauer refiere que: “Los santuarios Capipacchan, Capi, y Quisco, están asociados con el río Saphi, que entra al Cusco por un punto tradicionalmente conocido como Huacapuncu y que divide la ciudad moderna en dos. Se desconoce la ubicación exacta de Capipacchan, un manantial y una fuente. El siguiente santuario es un árbol sumamente grande llamado Capi.” Refiere además que este santuario también se encuentra entre los que el extirpador de “idolatrías” Cristóbal de Albornoz describiera diciendo: “Capa era un árbol grande y lo vestían y ofrescíanle mucho”. Sugiere este autor una posible ubicación para esta waka: “un cerro cónico llamado Muyu Urco, al centro de la quebrada de Saphi, entre 1 km y 1.5 km río arriba desde el Cusco. Su cima ofrece una vista clara de la ciudad por la quebrada; ésta ha sido cortada en dos por la acción de los huaqueros. La forma cónica distintiva de este cerro, su ubicación prominente, su vista del Cusco y las evidencias de huaqueo, indican que en alguna oportunidad hubo una huaca. Es posible aunque algo especulativo que el árbol de Saphi se encontrara en esta notable ubicación. Quisco, la octava huaca de este ceque, es presentada como un lugar en la cumbre del cerro de Saphi, en donde se hacían sacrificios universales”.

La zona de Saphi era, en parte, andenería inka, así lo podemos corroborar en un antiguo documento del siglo XVII:

Un pedaso de tierras que tengo y poseo en el asiento de guacapongo en tres andenes que linndan por la parte de abajo con tierras y casa del dicho Francisco Suares y por las cabezadas con la acequia de agua y por un lado con tierras mas que son las que de presente tiene sembrado Juana Paico…[1]

Aclaramos que los inkas llamaban “Saphi” al curso de agua, y que sólo en época colonial adoptó tal nombre en quechua. Los inkas, probablemente, denominaban al acceso Nor-Oeste a Haucaypata como “Guacapongo”, según la cita de arriba, o como Huacapunku, como todos lo conocemos hoy en día (esquina de calles Saphi y  Amargura).[2]

En una sociedad tradicional como la andina, antes del fin del período de autonomía cultural, los ríos eran considerados como fuentes de vida y venerados por permitir el fluir de la existencia por lo que claramente poseían un carácter religioso. El torrente de estas aguas creaba vida, la revitalizaba y la purificaba, sacralizando de esta manera su entorno y regenerando a los seres para emerger al Kaypacha a cumplir un nuevo ciclo, junto a otras fuerzas de la naturaleza con la que se complementaban.

El río Saphi era importante porque durante la época inka señalaba la relación de polaridad y complementariedad ideológica expresada en la arquitectura de Cusco: la Plaza Principal Haucaypata, era separada en los sectores Hanan Cusco y Hurin Cusco, mediante su canalización central, y era, además, junto a los ríos Chunchulmayu, Tullumayu y Chaquilchaca, el origen del río Watanay, por el sector de Pumaq Chupan. Es así que el río, como afluente de agua dulce, formó parte importante de la cosmovisión inka, ya que el agua era imprescindible para ellos, no solo para la subsistencia y la producción agropecuaria, sino como elemento ordenador limítrofe; así pues constituyó una frontera natural entre el núcleo de la ciudad sagrada y las zonas de andenería adyacentes.

Hasta el año 1548, el río se encontraba canalizado pero al descubierto, sólo intervenido con vigorosas losas de piedra que unían ambas orillas, pero la conexión entre vertientes fue una de las primeras preocupaciones de los españoles: “El 31 de agosto de 1548 el Cabildo del Cusco dispone se traiga el agua hasta la plaza tomándolo de Chaquilchaca y ese mismo año se autoriza la construcción de casas con portales sobre el río Saphi…”[3] Los españoles emplearon la arquería en subnivel subterráneo para sostener la calle en que se convirtió este espacio urbano.

Por todo ello, nuestra ciudad es reconocida en todo el orbe por su secular arquitectura que logró fusionar y armonizar influencias europeas y andinas, a lo largo de los cuatro siglos de historia colonial. En este contexto, el capital transnacional hotelero últimamente ha cobrado mayor poder en el Centro Histórico, y en su empeño de captar mayores ingresos, está destruyendo la monumentalidad del Cusco. Queda expuesta entonces la desigual competición entre la economía y la política, y la historia y la cultura; Aspectos que pueden y deben armonizarse sin caer en extremos nada razonables.

El paisaje urbano cusqueño, con sus casas de techos de tejas rojas, sus espléndidos muros, sus estrechas calles de ensueño, la piedra y el adobe de los que está impregnado, exhiben justificadas razones para sentirnos alarmados por la existencia de una especie de desprecio al valor legal del cuidado de esta ciudad histórica. En efecto, toda esta armonía urbana, llena de sacralidad, legada por nuestros antepasados, puede ser visualizada desde varios puntos locales. Esta vista de todo el valle es la que ha concitado admiración mundial y por ello ha sido considerada como un privilegio estético del paisaje urbano. La construcción del Hotel Sheraton de 10 pisos en la calle Saphi rompe de hecho toda estética y destruye el orden heredado. Esta es la razón por la que la UNESCO, institución que reconoce los monumentos de la historia de la humanidad, ya se ha pronunciado sobre este hecho particular, advirtiendo que podría quitarle al Cusco el título de ser “Patrimonio Cultural de la Humanidad” si esta cadena hotelera continúa con la construcción de su edificio turístico, u otras acciones predatorias o dañinas que malogran la arquitectura secular.

Por lo expuesto anteriormente, es incomprensible que el Ministerio de Cultura, institución estatal que otorgó la licencia de construcción del referido edificio, y la misma empresa hotelera, continúen violando impunemente el enorme patrimonio cusqueño, porque los sitios arqueológicos de la región Cusco (Moray, Pisaq, Ollantaytambo, Choquequirao, Machupicchu…) tienen su especial atractivo en su múltiple aspecto que conjunta lo natural, social, educativo, científico y artístico, justamente por su notable aspecto histórico, por sus profundos estratos de ocupación humana. Si el Hotel Sheraton de la calle Saphi se termina de construir, será constantemente un atentado contra los cusqueños, contra nuestra herencia y dignidad, al desgarrar la historia monumental que tiene el menos 8 siglos de existencia; el Cusco perderá su gran atractivo, su memoria, su identidad.

Los ciudadanos debemos vigilar que no solamente nos excluyan del Centro Histórico del Cusco, y que intereses puramente económicos la conviertan en una ciudad ordinaria, con grandes construcciones desproporcionadas, ajenas a su estética tradicional, privada de su pasado, y expuesta a amnesias y deculturaciones que nos empobrecen espiritual e intelectualmente. El río Saphi, que da nombre a la calle, fue sacralizado y dignificado construyéndose en sus márgenes hermosas andenerías inkas por lo que es una afrenta y un agravio contra la mística cultural de la población del pasado, del presente y del futuro. Cusco debe mantener su carácter monumental y patrimonial. Las autoridades competentes deben interrumpir de una vez y para siempre este atentado a la Memoria Social e Histórica Cusqueña. Sobre todo las alianzas espurias de gente e instituciones dedicadas a las prácticas ilegítimas, antiéticas e inmorales, como las aquí expuestas, deben desaparecer del todo ante nuestro derecho y deber de conservar nuestra ciudad a la luz de la ley nacional e internacional.

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Bibliografía

Agurto, Santiago 1980      Cusco. La traza urbana inca. PER 39, UNESCO. Instituto Nacional del Cultura.

Bauer, Brian S. 2000      El espacio sagrado de los incas. El sistema de Ceques del Cusco. Editorial CBC.

Carreño, Ángel. 1951      El origen de los nombres de las calles del Cusco Colonial. Imprenta Sicuani.

González Holguín, Diego. [1609] 1989.   Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua qquichua o del Inca. Lima. Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Gasparini, Graziano y Margolies, Luis 1977      Arquitectura Inca. Universidad Central de Venezuela.

Gutiérrez, Ramón 1980      La Casa Cusqueña. Universidad Nacional del Nordeste

Paredes, Mónica 2001      El Cusco Incaico. Ediciones el santo Oficio Gráficos.

Tomoeda, Hiroyasu y Jorge A. Flores Ochoa 1992      El Qosqo. Antropología de la ciudad. Coedición Ministerio de Educación de Japón/CEAC.

Zuidema, Tom. 2010      El calendario inca. Tiempo y espacio en la organización ritual del Cusco. La idea del pasado. Fondo Editorial del Congreso del Perú/PUCP.

[1] Folio 450- Francisco Hurtado, prot. 129, año 1625.
[2] Véase Carreño (1951).
[3] Según Gutiérrez (1980).

 

2 Respuestas a Saphi, raíces del olvido: Destrucción de la memoria e historia cusqueña

  • muy interesante el artículo, en particular por el significado del nombre en quechua y la información bibliográfica

  • Excelente artículo ,nos muestra un poco de la concepción de la arquitectura Inca,asombrosa ,y nos pone en antecedente del atentado,cultural,etnico y arquitectónico.,que se quiere cometer contra este tesoro de la humanidad que es la hermosa ciudad del Cusco.Anael Pilares Valdivia,mi mas sinceras Felicitaciones,Escritores como tú ,contribuyen a salvaguardar y hacer más grande nuestra Patria.Gracias.

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