Valerio Paucarmayta (*)

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 En un contexto donde las problemáticas y condicionantes, como el minifundio, la variabilidad climática: sequías granizadas, heladas y el deficiente manejo de información tecnológica y de los mercados de alimentos; la agricultura familiar se muestra mucho más vulnerable.

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En respuesta a esta problemática, el Centro Bartolomé de Las Casas ha implementado importantes iniciativas de cambio, con objetivo de contribuir a la seguridad alimentaria, la creación de empleo digno e incrementar los ingresos económicos de las familias campesinas que habitan encima de los 3500 m.s.n.m. En este sentido, en el periodo del 2009 al 2011 ha ejecutado el programa de Apoyo a la Micro y Pequeña Empresa – APOMIPE, habiendo promovido y validado la metodología de redes empresariales rurales, como estrategia para la promoción de la asociatividad de familias campesinas en determinadas cadenas productivas, como la de flores, cuyes, lácteos, artesanías, y kiwicha en los distritos de Quiquijana, Yucay, San Sebastián, San Jerónimo, Chincheros, Zurite, Yucay, Taray, San Sebastián, Calca, Cusco, entre otros; consiguiéndose la articulación con mercado local y regional, así como la mejora del nivel de los ingreso y empleo de familias campesinas, especialmente de mujeres. Ver experiencia sistematizada en http://www.apomipe.org.pe/

Desde el año 2011 hasta principios del segundo trimestre del presente año el CBC ha ejecutado el proyecto Qorichacra en las comunidades de Sequeracay, Huillcapata y Chitapampa, de la cuenca Quesermayo, con cuyas familias ha puesto en marcha no sólo la metodología de las redes empresariales rurales, sino también ha incorporado el enfoque de las Buenas Prácticas Agrícolas –BPA y producción bajo invernaderos, consiguiendo productos de hortalizas y fresas de alta calidad e inocuas, las mismas que han sido colocadas a nuevos y exigentes mercados de la ciudad del Cusco, destacando clientes del sector turismo como el Grupo Gastronómico, Novotel, McDonald’s, entre otros. Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=sF98XN-ldeE.

Desde el año 2015 a la fecha, en alianza con las municipalidades de Ccorca y Taray de la región del Cusco y, con el apoyo de un fondo concursable del IICA, a través del programa AEA, se ha implementado el proyecto “Desarrollo del mercado de asistencia técnica para el uso eficiente de energía solar en invernaderos en la región del Cusco”, habiendo capacitado a 25 campesinos como Prestadores de Asistencia Técnica (PAT). Adicionalmente se ha extendido la capacitación a técnicos y profesionales de entidades públicas ligadas al agro.

Los PAT, con la asesoría y acompañamiento del CBC, se han constituido en la empresa AGROPAT, a través de esta empresa vienen brindando servicios de asistencia técnica a productores y gobiernos locales en la construcción y gestión de los invernaderos. En aproximadamente un año y medio del proyecto se ha logrado un importante efecto multiplicador con la construcción de más de 800 invernaderos con el aporte de las propias familias y la contribución de sus respectivas municipalidades de los distritos de Taray, Ccorcca, San Jerónimo, San Sebastián, entre otros. Ahora bien, si consideramos que un invernadero de 480 m2 requiere una inversión monetaria de 8 mil soles, los 800 invernaderos han demandado una inversión de 6 millones 400 mil soles en sólo un año, cifra muy significativa en favor de la agricultura familiar, que en gran medida es inversión de las propias familias.

Lo destacable de esta experiencia es el aprovechamiento de la energía solar mediante la tecnología de los invernaderos, para la producción protegida (bajo invernadero) de hortalizas, flores y fresas que en condiciones de campo abierto en espacios alto andinos tienen muy pocas posibilidades de éxito en su producción. Los invernaderos con un manejo técnico apropiado de las temperaturas, de la humedad, control oportuno de plagas y enfermedades, buena rotación de cultivos y labores culturales oportunas; especialmente en territorios por encima de los 3500 msnm, constituyen una muy buena alternativa como medida de adaptación al cambio climático de la agricultura familiar, permitiendo proteger los cultivos de los cambios bruscos de temperatura, granizadas, heladas. Asimismo, la incorporación del riego por goteo permite alcanzar una alta eficiencia del riego y conseguir alta producción y productividad hasta 4 veces más que en condiciones de agricultura tradicional, igualmente la asociatividad permite una producción escalonada en forma permanente, haciendo que el cliente no quede desabastecido por limitaciones de superficie cultivada o por eventos climáticos adversos que muchas veces terminan dañando los cultivos.

Diversos estudios coinciden en señalar la difícil situación de la agricultura en los Andes, Peter Klaren sostiene que el 40% de la producción de zonas alto andinas se pierde por eventos climáticos extremos, un informe de la FAO indica que debido a heladas en el año 2008, Cusco perdió entre un 34.33% hasta 54.81% de los cultivos, asimismo en el año 2013, las regiones altas del centro y sur del país fueron afectadas por las heladas, que dejó 83,444 personas afectadas por la pérdida de cultivos (OXFAM. Informe 2013-2014).

Sin embargo, estás condiciones climáticas agrestes y las limitaciones de carácter sociocultural pueden ser controladas, en favor de una agricultura familiar sostenible si se aplican estrategias coherentes al medio rural, de ello nos dan cuenta los siguientes testimonios:

Producción protegida de rosas

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El Sr. Félix Arque Quispe y la Sra. Sonia Arqque Usca, ambos naturales de la comunidad de Chitapampa del distrito de Taray son propietarios de tres invernaderos, de los cuales dos se encuentran con plantaciones de flores de rosas y el tercero está en construcción.

En nuestra visita del pasado 30 de setiembre de 2016, encontramos a Félix en uno de sus invernaderos haciendo labores culturales. Nos dice que es su rutina diaria, pero lo cuenta con mucho orgullo y muestra su felicidad: “este invernadero tiene una superficie de 300 m2 y obtengo una producción semanal de 20 paquetes (de 24 rosas por paquete) y las vendo entre a 30 a 40 soles por paquete. Es decir un ingreso bruto promedio de 700 soles por semana y de 2800 soles al mes.

También recuerda que para llegar al nivel actual de manejo técnico del cultivo de las rosas tuvo que sortear muchas peripecias, tropiezos y fracasos. Cuenta que empezó con otro sistema de plantaciones basado en la producción de flores con un deficiente criterio técnico y fue un total fracaso: “… la actual plantación lo aprendí cuando el CBC a través del programa APOMIPE contrató los servicios de asistencia técnica de un especialista ecuatoriano, que además nos vendió las plantas patrones. El proceso de aprendizaje fue largo y difícil, tengo 10 años de experiencia, de los cuales 5 años fue de puro aprendizaje, pero ahora ya estamos cosechando los frutos”. Nos comenta.

Una inversión en cultivo de rosas de las características del invernadero de Félix, requiere de un promedio de 8 mil soles (rollizos, agrofil, plántulas, abonos, sistemas de riego, inversión en plantas y mano de obra calificada), considerando que para la construcción del invernadero cuenta con su propia mano de obra y la colaboración bajo la modalidad del “ayni” de sus vecinos. Una vez instalada la plantación de rosas, requiere de 8 meses de cuidado y mantenimiento hasta que empiezan las primeras cosechas de flores, y con un buen manejo de las labores culturales, control fitosanitario, apropiado manejo del abonamiento con abono orgánico a base de estiércol de gallina, roca fosfórica, guano de corral y las propias hierbas y hojas de las rosas, se puede tener una producción constante durante 5 años.

Al preguntarle si ahora ya domina toda la técnica del cultivo de las rosas, nos menciona: “he recibido muchas capacitaciones y pasantías, mediante diferentes proyectos implementados por el CBC, aprendí mucho, pero cada vez que avanzo constato que nos falta más conocimiento, por ejemplo requerimos investigación sobre el clima, acceder a laboratorios de análisis de suelos, equipos y maquinaria apropiada”.

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Nos cuenta también la independencia económica que ha logrado con la actividad del cultivo de rosas: “Hasta ahora estoy satisfecho, aunque soy consciente que aún falta más para consolidarme con mi actividad. Algo muy importante es que ya he logrado crear mi propio empleo, ahora no estoy buscando empleo como antes fuera de mi comunidad; mi esposa y yo estamos plenamente ocupados, consideramos que entre los dos podemos conducir sin problemas hasta 1000 m2 de plantaciones de rosas, por supuesto que de manera esporádica requerimos contratar mano de obra local”.

Producción protegida de fresa:

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 Abel Bayona Qquerar (29) y Yeni Delgado Quispe (20), son una pareja joven y tienen una hija de 3 años, ambos son naturales del distrito de Taray, comunidad campesina de Matinga y viven en ella.  Son propietarios de un invernadero de 480 m2 con plantaciones de fresa, ubicada a 4000 msnm. Su instalación fue parte de 6 iniciativas piloto que apoyó la municipalidad de Taray, replicando la experiencia promovida por el CBC en la microcuenca Quesermayu.

El mismo día 30 de setiembre del 2016, nos entrevistamos con Abel, él está muy orgulloso de sus recientes éxitos, nos cuenta que su proyecto de producción de fresas bajo invernadero empezó en diciembre del 2015, y su primera cosecha de fresas lo hizo en el mes abril del 2016. Desde aquella vez el volumen de cosecha semanal ha ido en constante aumento y a la fecha ya alcanzó la producción óptima. Con una sonrisa en el rostro nos confiesa que en el mes de setiembre ya recuperó la inversión que puso en dinero en efectivo. Nos narra que invirtió 8,000 soles de dinero en efectivo en la compra de bloques de ladrillo, cemento, fierros y rollizos, a ellos hay que sumar la mano de obra de él y el de su padre y los 60 sacos de guano de corral. Asimismo no olvida de sumarle la contribución de la municipalidad que le donó el agrofil y las plántulas de fresa, además de la asistencia técnica de los técnicos de la municipalidad y del CBC.

Nuestro entrevistado nos contó que se siente feliz porque ha creado su propio empleo y obtiene ingresos que le permiten vivir mejor que antes a él y su familia, además valora a la fresa como una fruta que le sirve para la alimentación de su familia. Él cree que las fresas de altura son más agradables y refiere que en la comunidad campesina de Quecayoq que está a mayor altura, ha comido fresas de mejor sabor.

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Algo importante que nos cuenta a manera de reflexión final, es que las familias campesinas para salir de la pobreza deben dejar el asistencialismo: “estábamos acostumbrados a que la municipalidad o las ONGs nos regalen todo, teníamos muchas dudas para invertir; pero las pasantías y las capacitaciones nos hicieron cambiar y un pequeño grupo de seis familias asumimos el reto y la oportunidad que nos ofreció la municipalidad para brindarnos algunos materiales y asistencia técnica. La producción de la fresa, pese a la altitud, ha resultado una muy buena alternativa para mí y mi familia. Obtenemos una mejor rentabilidad que en la crianza de gallinas, cuyes y ganado que requiere una mayor extensión de tierras. Actualmente cosecho 60 kilos de fresa por semana y vendo a un promedio de 10 soles el kilo, lo que me permite obtener un ingreso bruto de 2400 soles mensuales. Por lo general cosecho a las 5 am y a las 8am ya estoy vendiendo mi producto en Cusco, lo cual es una gran ventaja para el consumidor, puesto que entrego producto fresco y de calidad”.

Los dos casos son sólo una muestra de la capacidad real que tienen los actores de la agricultura familiar para adaptarse a los desafíos del cambio climático y combatir la pobreza con sus propios recursos, con un mínimo de apoyo con información, conocimiento y tecnología desde las entidades de promoción del desarrollo públicas y privadas.

*Director General del Centro Bartolomé de Las Casas

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