5 agosto 2016

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*Ligia Alencastre

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Nuestra historia va cambiando, será que el siglo 21 nos trae otros retos a las mujeres, o será que ya estamos tan cansadas o lastimadas que al fin hay una esperanza. Esta vez nos ponemos de pie para defendernos para defender nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros sentimientos, nuestra intimidad.

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Nos hemos organizado para resolver el hambre de nuestros hijos con el vaso de leche, los comedores populares, para impulsar organizaciones representativas, para defender el medioambiente, para defendernos de la dictadura, del terror. Esta vez nos ponemos de pie para defendernos, defendernos y denunciar esa violencia que ejercen sobre nuestros cuerpos, sobre nuestra dignidad, sobre nuestras esperanzas; personas a las que en algún momento amamos, o en las que creímos y confiamos, y a las que muchas veces todavía seguimos amando. Nos preguntamos y preguntamos a otras mujeres, ¿Por qué sigues con él si sabes que tu vida no va cambiar? Las respuestas son parecidas; porque todavía lo quiero, porque no sé qué hacer, porque me ha dicho que lo perdone, porque pienso que puede cambiar. Disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz o cuando no nos gustan muchas de sus conductas, valores y características básicas, pero las soportamos con la idea de que, si tan sólo fuéramos lo suficientemente atractivas y cariñosas, él querría cambiar por nosotras. En el fondo sabemos que no va a cambiar; entonces el  silencio se apodera de nosotras y cada vez  nos alejamos más de nuestro entorno y es el miedo que  permite que él controle nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta y, si bien comprendemos que ejerce una influencia negativa sobre nuestra salud y nuestro bienestar, nos sentimos incapaces de librarnos de ella, estamos atrapadas en ese vínculo que nos es fácil romperlo.

Cuando nadie puede hablar sobre lo que afecta a cada miembro de la familia, es más, cuando tales temas son prohibidos en forma implícita o explícita, aprendemos a no creer en nuestras propias percepciones o sentimientos. Como nuestra familia niega la realidad, nosotras las mujeres también comenzamos a negarla. Y eso deteriora severamente el desarrollo de nuestras herramientas básicas para vivir la vida y para relacionarnos con la gente y las situaciones. Es ese deterioro básico lo que opera en la vida de las mujeres los episodios dramáticos y permanentes de violencia. Nos volvemos incapaces de discernir cuando alguien o algo no es bueno para nosotras. Las situaciones y la gente que otros evitarían naturalmente por peligrosas, incómodas o perjudiciales no nos repelen, porque no tenemos manera de evaluarlas en forma realista o autoprotectora. Testimonios, historias nos muestran a diario esta realidad en la que muchas, todavía estamos envueltas y otras han levantado la voz para iniciar esta nueva etapa de historia de libertad personal verdadera. Por eso “Ni una menos Perú: Tocan a una, tocan a todas”. Como decía alguien “Somos mujeres que hemos decidido organizarnos para responder a la impunidad y el silencio que hay en torno a la violencia que sufrimos todos los días: física, sexual, psicológica y simbólica. Nos une la indignación ante la vergonzosa actuación del Poder Judicial en casos como los de Cindy Contreras, Lady Guillén y miles de mujeres anónimas. Nos une también el rechazo al silencio y complicidad que la sociedad tiene frente a estos casos”.

No olvidemos que la violencia hacia la mujer se da en varios espacios, desde el acoso sexual callejero, tocamientos indebidos, maltrato hasta el abuso sexual. De hecho, según cifras oficiales 7 de cada 10 mujeres sufren violencia por parte de sus parejas (ENDES, 2013); sin embargo, el sistema judicial con frecuencia desmerece la evidencia presentada y deja en libertad a nuestros agresores.

Hasta el momento, el grupo creado el domingo 17 de julio cuenta con más 37 mil 800 miembros y centenares de personas, súmate tú también, para nosotras tu voz, tu testimonio y sobre todo tu solidaridad es importante, además somos responsables de cambiar el mundo.

* Antropóloga y especialista en género – CBC